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Enero:
Salgo a juntar la limosna de la noche, rodajas de luto en los umbrales, breves uvas del rocío fugitivo. A disputar con perros las orillas de las horas quietas calle abajo. Le doy un poema al cartonero, al chicobicicleta de las doce, al que le duele como a mí el frío, la extensa oscuridad de cada día. Febrero:
Salir a la intemperie con el alma en cueros y ojos ardidos de preguntas, perseguir nada, oficio mal pago y maloliente. Si palabras inútiles, inútil uno, ya no queda siquiera aunquesea en el residuo. Marzo:
Qué parte de uno se rompió qué día, a qué hora, cómo dolió tanto entonces, ay tanto que todo ese dolor fue un largo sueño extraviado. Abril:
Hoy me vi al espejo. No me sabía de cuerpo entero. Tengo un brazo inútil y otro brazo izquierdo que es mal visto. Una oreja llena de voces subversivas y otra pierna gastada de llevar cuesta arriba el deseo.
Ah, como sombra refulgente, cierta aguda insistencia metálica caliente áspera en los desvelos.
Mayo:
Pensaba en la patria. O sea en todo. Vengo de su entraña a su entraña voy, y en el camino amo su boca de amapola, la fruta de zumo desbordada. Pero ella es una piedra, hueco, no sé, espalda. Y qué hago ahora con estas manos duras y el cereal ausente y las palabras! Junio:
Será que ya no sirvo para algunas cosas, que tanto desandar la hora me ha gastado. Cómo es sentirse desalado sin risa sin horario siquiera para ayunar como es debido? Le respondo a las preguntas con un silencio extraviado. Julio:
Será que empecinado empuño tonterías? Voy pasando de moda como un disco. Ando lleno de palabras que no importan. Agosto:
Será la poesía una forma de nada que sobra, oficio triste que resbala en vana superficie, canto prisionero de gota de sombra en el viento. Septiembre:
Algo nos iguala y también la muerte. Cierta sustancia gris que bailotea en las sombras de cada nosesabe. Por eso uno se cansa de girar en vano por la ciudad tan ancha que parece infinita. Entre ayuno y mendrugo una distancia inmensurable. Octubre:
Se desvive así: cada exhalación roba un siglo de esperanza rota. Un amigo llega con abrazo y el vino se hace ancho y soy pasado a la deriva. Noviembre:
Hombre sin trabajo piensa apenas en desmorirse lo suficiente para volverse deseo la próxima hora. No lo sabía. Diciembre:
Ya no es herramienta rota brazo partido boca deshecha tristeza mordiendo el buendía. Es no ver los hijos tanto como el pan. El credo del Hombre Nada es intemperie y látigo y latido fugaz en los intersticios de la piedra vencida. Y la mágica paciencia su galope encantado venciéndolo todo aunque no se sepa aunque nunca llegue, aunque no se entienda. Aunque sea tarde. Enero:
Volví a casa con la sed a preguntar doce veces por noticias de agua. Los brazos de barro serán diamante un día?
de: Prensa callejera (la Luna Que- BsAs- 2004)
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